El mito de la Tierra Plana

La mente humana parece funcionar como un dispositivo categorizador (quizás incluso, como defienden muchos estructuralistas franceses, como una máquina de dicotomizar, dividiendo el mundo sin descanso en dualidades de tipo “crudo y cocido” [naturaleza versus cultura]: macho y hembra, material y espiritual, y así sucesivamente). Este hábito de pensamiento profundamente enraizado (quizás innatamente) nos pone en dificultades específicas cuando se trata de analizar los muchos continuos que forman las partes más destacadas del mundo a nuestro alrededor.

Los continuos son raramente tan suaves y graduales en su flujo como para que no podamos especificar determinados puntos o episodios como claramente más interesantes, o más tumultuosos en sus tasas de cambio, que la inmensa mayoría de los momentos a lo largo de la secuencia. Por lo tanto, escogemos falsamente estos episodios cruciales como fronteras para categorías estables, y ocultamos la continuidad de la naturaleza con los envoltorios de nuestros hábitos mentales.

Debemos también recordar otro aspecto insidioso de nuestra tendencia a dividir los continuos en categorías fijas. Estas divisiones no son neutras; las establecen los partidarios de ciertos puntos de vista particulares con propósitos determinados.

Además, como muchos de estos continuos son temporales, y ya que tenemos una lamentable tendencia a considerar nuestra época como la mejor, éstas divisiones suelen adjudicar al pasado nombres peyorativos, mientras que las épocas sucesivamente más modernas se designan con palabras de luz y progreso.

[…]

Este ensayo ha discutido un doble mito en los anales de nuestros malos hábitos en la falsa categorización: (1) la leyenda de la Tierra plana como apoyo para una ordenación sesgada de la historia occidental que se presenta como una historia de redención desde la época clásica hasta el Renacimiento, pasando por la época oscura y medieval, y (2) la invención del mito de la Tierra plana para apoyar una falsa dicotomización de la historia occidental como otra historia de progreso, una guerra de la ciencia victoriosa sobre la religión. No me sentiría preocupado por estos errores si solamente condujeran a una visión inadecuada del pasado, sin consecuencias prácticas en nuestro mundo moderno. Pero el mito de una guerra entre la ciencia y la religión permanece como algo de cada día ….

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Stephen Jay Gould (1941 – 2002)

La Tierra no es plana, sino una esfera. Nadie hoy lo pone en la más mínima duda. Pero si se pregunta ¿desde cuando sabemos, como colectividad, que es así? es más que probable recibir como respuesta que durante la Edad Media se pensaba que la Tierra era plana, y que solo tras Colón y los primeros viajes de circunvalación se zanjó la cuestión a favor de la forma esférica.

Esta probable respuesta corresponde a la creencia, extendida actualmente en una gran parte de la población, de que durante la mayor parte de la historia la idea de que la Tierra era plana ha sido la dominante, y que solamente desde el Siglo XVI hemos salido colectivamente de ese error. Pero esa creencia es completamente inexacta. Se trata de uno de los mitos más arraigados, infundados y persistentes en la historia de la Ciencia.

Stephen Jay Gould. Fuente: Goodreads

Stephen Jay Gould. Fuente: Goodreads

Las reflexiones de Stephen Jay Gould que abren esta entrada están tomadas de uno de sus ensayos,  “El nacimiento tardío de una Tierra Plana” (publicado en “Un dinosaurio en un pajar“.  Stephen Jay Gould, Colección Drakontos, Ed. Crítica, Grijalbo– Mondadori, Barcelona). En ese ensayo Jay Gould narra, en su característico estilo, el relativamente reciente nacimiento de este mito, que ha pasado a formar parte del imaginario colectivo occidental en los dos últimos siglos, no antes. Se trata pues de una historia ‘inventada’ hace menos de 200 años que aun hoy se sigue transmitiendo, de manera tanto inocente como deliberada, y que aparece y reaparece en los lugares más insospechados.

En la Antiguedad ya estaba claro que la Tierra era una esfera, y ese conocimiento no desapareció, sino que se mantuvo y transmitió, de manera inequívoca, llegando íntegro al S.XV. Cuando Colón planteó su viaje, los ‘sabios de Salamanca’ no eran en absoluto unos ignorantes defensores de la simpleza de la Tierra Plana, como suelen ser presentados en relación con el mito, sino que conocían la forma de la Tierra y estaban bien informados de su tamaño real, determinado con bastante precisión ya en el S. III a.C. y que por cierto, hacía imposible el viaje a Cipango con las embarcaciones de la época. Lo que no sabían, claro, es que hubiera un continente nuevo en medio.

De la Antigüedad nos han llegado varios procedimientos, todos ellos extraordinariamente ingeniosos, con los que obtener una estimación del radio de la Tierra; naturalmente estas determinaciones parten del convencimiento previo, obtenido por diferentes argumentos, de que la Tierra es una esfera, compartiendo esa forma con la Luna y el Sol. Uno de estos argumentos es la observación de la sombra de la Tierra sobre la Luna en los eclipses, y otro la propia existencia del horizonte, bajo el que desaparecían visualmente los barcos en cualquier dirección que se alejaran.

En realidad, los argumentos en favor de la esfericidad de la Tierra son tantos y conjuntamente tan imponentes (en el sentido literal del término) que no puede causar sorpresa que todos los que analizaron esta cuestión concluyeran en la misma dirección. Y además, que ingeniosamente estimaran el valor aproximado del radio de la Tierra.

El procedimiento más conocido para estimar este tamaño es el de Eratóstenes (S. III a.C.) pero no fué el único: Posidonius (S. I a.C.) hizo una estimación por otro procedimiento, basado en la observación de una estrella que rozaba el horizonte en Rodas y que en las mismas fechas se observaba con una cierta elevación angular en Alejandría. Aristarco (S. III a.C.) había ido mas lejos, dando las primeras estimaciones de la distancia de la Tierra a la Luna y de la Tierra al Sol.

Es un hecho, pues, que entre las personas que se preguntaban y reflexionaban sobre estos asuntos, prácticamente nadie, desde la antigüedad hasta el S. XVI, dudó nunca de la esfericidad de la Tierra. De ello hay evidencia abrumadora. Y sin embargo el mito persiste; hace unos meses un diario como ABC dedicó casi una página a comentar otro artículo de Umberto Eco sobre este asunto en el periódico italiano La Repubblica. Ví la referencia al artículo en ABC en un post de De Tales a Newton, un excelente blog que ha dedicado alguna entrada más a este asunto. El título en ABC, “Umberto Eco derriba el mito medieval de la Tierra plana” lo anuncia como si realmente esto fuera noticia. Diríase que al igual que los viejos rockeros, algunos de estos mitos nunca mueren. Pese a que, a diferencia de los rockeros, a estos mitos ninguna evidencia los apoya y muchas evidencias los desmienten. Parece un buen ejemplo de aquello que antes era un chiste: “no dejemos que la realidad desmienta nuestras teorías“.

Umberto Eco.

Umberto Eco.

Y es que Umberto Eco, un conocedor a fondo del Medioevo, ha publicado dos artículos en La Repubblica en 2009 y en 2014 sobre el asunto, afirmando rotundamente en el título del último que “La Tierra nunca ha sido plana“. En ese artículo se pregunta —un poco retóricamente— sobre cómo ha sido  posible que tal grosera inexactitud histórica “durante la Edad Media se pensaba que la Tierra era plana” se haya establecido hasta ser, para una gran parte de la población, la creencia convencional hoy día.

En la Wikipedia en inglés hay una excelente página muy informativa sobre el origen de éste mito moderno, que Stephen Jay Gould pone en su  contexto como un episodio creado en pleno siglo XIX dentro de una pretendida guerra entre ciencia y religión. Que el mito fuera creado tan tardíamente fue para mí una sorpresa cuando leí este ensayo, que he recordado y releído tras haber comprobado de primera mano, en dos ocasiones, la increíble y vigente persistencia de esa falsedad. Y en ambos casos, en clave de enfrentamiento, aunque en ninguno de éstos dos casos fuera, ahora, un enfrentamiento entre ciencia y religión. Lo que en el fondo no sé si no es más preocupante. Pero el comentario de estas dos ocasiones  se queda para un próximo post.

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2 respuestas a El mito de la Tierra Plana

  1. JuanMS dijo:

    Yo también me enteré de que la “Tierra plana” es un mito, y bastante moderno, leyendo ese artículo de Stephen Jay Gould. Me sorprendió mucho, pero leyendo más cosas sobre este tema vi que todos los historiadores serios coincidían con Gould, y mi asombro fue aún mayor. ¿Cómo es posible que casi todo el mundo (empezando por mí) estuviera convencido de algo tan contrario a la verdad? Lo peor es que, leyendo más sobre historia de la ciencia he visto que está llena de leyendas urbanas. Quedo a la espera de ese post prometido (y gracias por enlazarme).

  2. JuanMS, bienvenido. Es curioso, la reacción que tu describes al leer a Jay Gould es exactamente la misma que yo tuve (supongo que, aunque no hubiera nadie viendome, pues recuerdo precisamente donde lo leí, se me quedaría cara de tonto). Y lo que más me afectó, creo, es que fuera una invención tan reciente y que se hubiera hecho en nombre de la Ciencia. Seguramente era (o eramos) demasiado ingenuos. Si me he animado a escribir es porque en los dos casos que menciono en el post, el mito estaba expandido por colegas, a quienes debería exigirse algo más de discernimiento y no propagar leyendas urbanas, de las que tienes razón, hay tantas.

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